sábado, 23 de mayo de 2009

Felipe Godina

Los precaristas

Autor: Alejandro Iñigo

Editorial: Grijalbo

Pag: 290

Por: Felipe Godina Montaño 1801

Lo que muestro aquí es un resumen de los primeros tres capítulos con las descripciones de lo q considere más interesante. Pudiera decirse que este libro no tiene nada que ver con la materia. Pro se asemeja a los libros de Isaac Asimov en” yo robot”, “el hombre bicentenario”, “un guijarro en el cielo” y “el sol desnudo” entre otros.

Como puedes leer, el autor con una visión futurista y escritura acida deja entrever la realidad próxima de un México en decadencia al borde de una revolución.

Por otra parte retomando el tema común por antonomasia que es la IA, al ser un libro en 1973 y publicado hasta principios de los 80’s, describe una serie de mecanismos y procesos que en la actualidad son ocupados y aplicados en la ciencia. Así como los fenómenos ambientales que hoy sufre nuestro planeta, llevándonos a la creación y aplicación de nuevas tecnologías.

Los precaristas es un libro de tendencia futurista situado en el México del futuro envolviéndonos en una descripción espelúznate de lo que nos espera.

El cuento tiene como protagonista a un niño llamado Juan el cual nació en un auto marca Volkswagen modelo 85. El niño se quedo sin padre y sin patria.

La madre del niño murió en el parto, la sepultaron en una glorieta del parque de reforma.

La mitad de la población –unos 28 millones-habitaba en le antiguo casco de la ciudad, todos trabajaban como desempleados. El gobierno repartía capsulas, cada una contenía proteínas, carbohidratos, vitaminas, glucosas y minerales suficientes para sobrevivir una semana. El problema era conseguir el agua para tomarlas. Los estómagos de los precaristas se habían reducido al tamaño de una naranja.

Las capsulas las importaban de china. Pagábamos con sal. la sal contenía uranio , los chinos lo enriquecían para sus cohetes espaciales .

Cuando la guerra chino-soviética dejamos de importar las capsulas una temporada. Los precaristas comieron flores. Tenían menos valor nutritivo, pero no necesitaban agua para tragarlas. Defecaban en las calles y los excrementos olían a rosas y nomeolvides.

Una vez el niño vio un agujero azul a través del cielo pintado con brochazos de monóxido de carbono. Entonces creyó en dios. Y ya no bostezaba al acompañar a su padre cuando iba a rezar a las catacumbas del metro. Su único juguete era una máscara antigás, la había encontrado en un cerro de basura fosilizada, le llamaba smogy y se dormía con ella puesta todas las noches. El mundo estaba lleno de smogies. Bueno no todo el mundo, había islas particulares y campos floridos. En esos lugares la energía solar se almacenaba en cajitas de plomo, en forma de biberones, y se alimentaba a las flores para su proceso de fotosíntesis.

Hubo experimentos con lo humanos para ver si era posible vivir a base de helio. Se abandono la prueba cuando a los voluntarios de una reserva indígena les comenzaron a salir ramas por las orejas.

Las torres de petróleo se multiplicaban como hongos. Los campesinos buscaban agua y encontraban lo que algunos bromistas llamaban “el oro negro”. Maldecían desilusionados. Conocían su destino.

Los perros comían leche y carne. Y estaban vacunados, los niños de los campesinos morían de hambre y sus padres los iban a tirar a los botes de basura. También había perros precaristas, se disputaban los despojos. El gobierno considero que esto presentaba una imagen negativa para la ciudad y mando a matar a todos los perros callejeros. Durante algunos meses los precaristas se disputaron los despojos de los perros. Después, pensaron , seguirán ellos. Entonces decidieron actuar.

No fue una revolución en el esquema clásico del concepto. No había líderes. Tampoco ideales, solo era hambre.

Primero asaltaron las tiendas de comestibles. Rompieron cristales y destrozaron estanterías, la policía resulto insuficiente para reprimirlos. Intervino el ejercito, los muertos se apilaban en las calles. Y se presentaron epidemias. Los dueños de las promesas se encerraron en sus casas. Recibían sus alimentos en carros blindados como aquellos que se utilizaban para transportar dinero.

Los precaristas seguían haciendo el amor en las calles, en las iglesias y en las capillas de los cementerios que tomaron por asalto para usarlo como vivienda. Amor grotesco. Primitivo.

Juanito escuchaba todo esto de los labios de su padre. Leyendas en las que no creía del todo.

Como tampoco creía que detrás del techo amarillo de monóxido de carbono hubiera un sol, una luna y millares de estrellas.

Hasta el dia en que vio la rendijita azul de cielo.

……………Y creyó en Dios.

2 comentarios:

  1. haciendo una critica constructiva de este libro comento que es un tema interesante y quisierea conocer mas acerca de Isaac Asimov en” yo robot”, “el hombre bicentenario”, “un guijarro en el cielo” y “el sol desnudo”.

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  2. cual creess que sea la conexión( no exactamente relacion) entre tu lectura y la I.A?

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